Análisis sobre el potencial geotérmico en 1,500 pozos petroleros de Pemex y sus implicaciones para el sistema eléctrico y la diversificación energética.
La posibilidad de aprovechar potencial geotérmico en alrededor de mil quinientos pozos petroleros abre una discusión estratégica que va más allá de la transición energética. No se trata únicamente de diversificar fuentes, sino de reinterpretar activos existentes bajo una lógica de eficiencia térmica y optimización de infraestructura instalada.
En términos técnicos, muchos campos petroleros producen no solo hidrocarburos, sino también grandes volúmenes de fluidos calientes. En ciertas condiciones geológicas, la temperatura y presión residual pueden ser suficientes para generar energía geotérmica de baja o media entalpía. El concepto no implica perforar nuevos yacimientos, sino evaluar si la infraestructura existente puede reconvertirse o integrarse a esquemas de generación térmica.
La ventaja estructural radica en que los pozos ya están perforados y conectados a sistemas de recolección. Esto reduce el costo exploratorio inicial, que en proyectos geotérmicos convencionales representa una de las mayores barreras financieras. Sin embargo, el potencial no es homogéneo. La viabilidad depende de gradiente térmico, caudal, composición de fluidos y cercanía a infraestructura eléctrica capaz de evacuar la energía generada.
Para Pemex, el análisis implica una redefinición del portafolio de activos. Pozos marginales en términos petroleros podrían tener valor térmico residual. En campos maduros del sureste, donde la declinación de crudo es estructural, la conversión parcial hacia aprovechamiento geotérmico podría generar ingresos complementarios y reducir emisiones asociadas a venteo o manejo de agua caliente.
El desafío no es geológico, sino organizacional y contractual. El modelo operativo de una empresa petrolera está diseñado para maximizar extracción de hidrocarburos, no para operar centrales geotérmicas. La reconversión exige coordinación con el sistema eléctrico, interconexión con red de transmisión y definición clara sobre quién asume riesgo tecnológico y comercial. La energía geotérmica es firme en comparación con solar o eólica, pero requiere inversiones en turbinas, intercambiadores de calor y sistemas de reinyección.
Desde el punto de vista del sistema eléctrico mexicano, integrar capacidad geotérmica distribuida en antiguos campos petroleros podría aportar firmeza regional y reducir congestión si se localiza cerca de centros de consumo industrial. La clave es que la generación térmica derivada de pozos petroleros no es intermitente en la misma magnitud que renovables variables. Puede operar como base o respaldo, aportando estabilidad al despacho.
Sin embargo, la evaluación financiera debe ser rigurosa. El costo nivelado de energía dependerá de la capacidad de reutilizar infraestructura, de los factores de capacidad reales y del acceso a financiamiento. Si el desarrollo requiere inversiones elevadas en adecuación de pozos y tratamiento de fluidos, el retorno puede diluirse. Además, la regulación eléctrica y los permisos ambientales deben alinearse con esta nueva categoría híbrida de activo.
El anuncio sobre el potencial en mil quinientos pozos no equivale a mil quinientas plantas geotérmicas viables. Es un universo teórico que necesita caracterización térmica, análisis de factibilidad y diseño de modelos contractuales claros. La oportunidad existe en términos técnicos, pero su materialización dependerá de si Pemex puede articular una estrategia que combine conocimiento geológico con integración eléctrica y disciplina de capital.
El valor estratégico de esta posibilidad radica en la reutilización de infraestructura petrolera en un entorno donde la transición energética exige eficiencia en el uso de activos. Convertir calor residual en electricidad no transforma a la empresa en una compañía renovable, pero sí podría diversificar su matriz y fortalecer su resiliencia operativa si el diseño industrial acompaña la ambición técnica.
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