Pemex, el IMP, el INEEL y la UNAM iniciaron un proyecto conjunto para evaluar el potencial geotérmico en México utilizando conocimiento, datos e infraestructura del sector hidrocarburos. No es una solución inmediata a la transición, pero sí un experimento técnico relevante que puede redefinir cómo Pemex aprovecha su experiencia en el subsuelo más allá del petróleo.
Pemex, el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP), el Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias (INEEL) y la UNAM se reunieron para evaluar el potencial geotérmico del país, partiendo de una premisa clara: México cuenta con un acervo único de información del subsuelo generado durante décadas de exploración y producción de hidrocarburos.
A diferencia de iniciativas puramente académicas, este esfuerzo busca trasladar conocimiento existente —sísmica, registros de pozo, gradientes térmicos, modelos geológicos— hacia aplicaciones geotérmicas concretas. No se trata de construir plantas mañana, sino de mapear viabilidad técnica real.
Pemex llega a la geotermia en un momento específico de presión estructural: menor exploración petrolera, activos maduros y necesidad de replantear el valor de su base técnica. En ese contexto, la geotermia aparece no como sustituto del petróleo, sino como uso alternativo del conocimiento del subsuelo.
La empresa aporta algo que pocos actores energéticos tienen:
Datos profundos de temperatura, presión y litología en múltiples cuencas.
Experiencia en perforación profunda, control de pozos y manejo de fluidos.
Infraestructura existente (pozos, accesos, plataformas técnicas) que podría, en casos muy específicos, evaluarse para reaprovechamiento.
El proyecto responde a una lógica pragmática: antes de hablar de transición, hay que saber qué es técnicamente posible con lo que ya existe.
El enfoque del proyecto no se limita a la geotermia convencional clásica (reservorios hidrotermales someros), sino que abre tres frentes técnicos:
Geotermia convencional
Zonas con manifestaciones térmicas conocidas, donde el reto no es descubrir calor, sino confirmar caudales, sostenibilidad del reservorio y viabilidad económica frente a otras tecnologías.
Geotermia de sistemas estimulados (EGS)
Aquí el paralelismo con hidrocarburos es más claro: fracturamiento controlado, manejo de reservorios calientes de baja permeabilidad y modelación geomecánica. Es técnicamente compleja, costosa y de largo plazo, pero es donde la experiencia petrolera es más transferible.
Reaprovechamiento de pozos existentes
Una de las hipótesis más atractivas —y también más limitadas— es evaluar pozos petroleros abandonados o subutilizados para aplicaciones geotérmicas. No es automático: muchos pozos no tienen temperatura suficiente o condiciones hidráulicas adecuadas, pero el potencial de reducir CAPEX exploratorio es real si se identifica el caso correcto.
Lo que sí puede aportar
Pemex puede acelerar la fase de evaluación, reducir incertidumbre geológica y aportar disciplina de ingeniería al análisis de proyectos geotérmicos. En particular, puede ayudar a separar rápido lo viable de lo inviable, algo crítico en tecnologías intensivas en capital.
Lo que no puede resolver por sí solo
Pemex no puede convertir la geotermia en una solución masiva de corto plazo. Los tiempos de desarrollo son largos, los riesgos técnicos altos y la rentabilidad depende de marcos regulatorios, esquemas de mercado y precios de energía. Tampoco sustituye la necesidad de inversión especializada ni de operadores dedicados.
El proyecto enfrenta límites claros:
Riesgo técnico: no todo reservorio caliente es explotable; la sostenibilidad térmica y la micro-sismicidad son variables críticas.
Riesgo económico: CAPEX elevado y retornos a largo plazo compiten con renovables de menor costo inicial.
Riesgo regulatorio: la geotermia en México aún requiere claridad en permisos, esquemas de explotación y articulación con el mercado eléctrico.
Por eso el énfasis en investigación aplicada es clave: antes de prometer, medir.
Este proyecto no apunta a resultados comerciales inmediatos. Su valor está en sentar bases técnicas para decisiones a 5–10 años: dónde tendría sentido invertir, qué tecnologías probar y qué rol podría jugar Pemex como socio técnico, no necesariamente como operador único.
En el mejor de los casos, la geotermia derivada del conocimiento petrolero podría convertirse en un complemento regional, no en un pilar dominante del sistema energético.
La geotermia no sustituirá al petróleo mañana, ni resolverá los problemas financieros de Pemex. Pero este proyecto sí introduce una idea estratégica distinta: el valor de Pemex no está solo en el barril extraído, sino en décadas de conocimiento del subsuelo. Si ese conocimiento se reutiliza con disciplina técnica, la transición energética deja de ser un discurso abstracto y se convierte en un ejercicio de ingeniería real, con límites claros y oportunidades específicas.
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