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Dos Bocas enfrenta paro por falla eléctrica mientras Pemex reporta aumento en refinación

La refinería Olmeca Dos Bocas registró un paro por una falla eléctrica interna, evidenciando retos de confiabilidad, mientras Pemex asegura que el complejo ya contribuye al aumento de la refinación nacional.

Dos Bocas enfrenta paro por falla eléctrica mientras Pemex reporta aumento en refinación

La operación de la Petróleos Mexicanos en la Refinería Olmeca Dos Bocas volvió a exhibir la fragilidad de su fase de estabilización. El paro de actividades provocado por una falla eléctrica interna, reconocido en reportes operativos, confirma que el complejo aún no ha cruzado el umbral hacia una operación continua y resiliente, aun cuando la empresa sostiene que la nueva capacidad ya está aportando al incremento de la refinación nacional.

El evento no puede leerse como una contingencia aislada. En refinerías en etapa de arranque extendido, los sistemas eléctricos y de control suelen convertirse en el principal cuello de botella. La interrupción obliga a detener procesos integrados que requieren reinicios complejos, con impactos en eficiencia, consumo energético y desgaste de equipos. En términos operativos, cada paro no programado incrementa la distancia entre la capacidad de diseño y la capacidad efectivamente utilizable.

Al mismo tiempo, Pemex sostiene que la incorporación de Dos Bocas ha contribuido a elevar el volumen total de crudo refinado en 2025, aun cuando el complejo opera alrededor de 40 por ciento de su capacidad. Esta coexistencia de mensajes refleja la tensión inherente a la etapa actual del proyecto. Por un lado, existe un aporte real al sistema nacional de refinación. Por otro, la planta sigue operando bajo condiciones que no permiten una confiabilidad plena ni una utilización sostenida de activos.

Desde una lectura técnica, operar a niveles parciales no es inusual en proyectos de esta escala, pero sí prolonga la exposición a fallas. La estabilidad eléctrica es crítica porque conecta directamente con la seguridad operativa, la integridad de procesos y la calidad del producto. Un sistema que no logra absorber variaciones internas sin detenerse genera costos implícitos que no siempre se reflejan de inmediato en los balances, pero que se acumulan en mantenimiento, reprocesos y consumo adicional de insumos.

En el contexto del sistema nacional de refinación, Dos Bocas cumple hoy un rol ambiguo. No es todavía el ancla que transforme estructuralmente la capacidad del país, pero tampoco es un activo marginal. Su operación parcial explica por qué Pemex puede reportar incrementos agregados en refinación, mientras enfrenta episodios que evidencian la falta de madurez operativa del complejo.

La señal estratégica es relevante. El desempeño de Dos Bocas muestra que el reto ya no es únicamente poner en marcha unidades, sino consolidar una operación confiable que soporte cargas constantes sin recurrir a paros correctivos. En la medida en que estos eventos persistan, el margen de contribución del complejo seguirá condicionado por la necesidad de ajustes y reinicios, limitando su impacto pleno sobre la autosuficiencia de combustibles.

La refinería avanza, pero lo hace en un equilibrio delicado entre aportación incremental y riesgo operativo. La evolución de su estabilidad eléctrica y de sus sistemas de control será determinante para saber si Dos Bocas puede transitar de una fase de demostración a una de operación industrial sostenida.


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