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Transición sin transmisión en México: el riesgo estructural de integrar renovables sin red suficiente

La transición energética en México enfrenta un riesgo estructural: la expansión renovable avanza más rápido que la infraestructura de transmisión. Análisis público sobre planeación eléctrica, congestión, estabilidad del sistema y riesgos regulatorios.

Transición sin transmisión en México: el riesgo estructural de integrar renovables sin red suficiente

La transición energética mexicana avanza en capacidad instalada renovable, pero no en infraestructura de transmisión al mismo ritmo. El resultado no es simbólico. Es sistémico.

Mientras los anuncios públicos se concentran en nuevos parques solares y eólicos, el verdadero cuello estructural se encuentra en las redes que deben evacuar esa energía. La planeación eléctrica exige coherencia entre generación y transporte. Cuando esa sincronía no ocurre, el riesgo deja de ser técnico y se convierte en económico, regulatorio y operativo.

En México, el Sistema Eléctrico Nacional depende de una red de transmisión cuya expansión no ha acompañado la velocidad proyectada de integración renovable. El desafío no es instalar más megawatts. Es garantizar que puedan fluir sin restricciones.

El riesgo invisible de la planeación incompleta

Las energías limpias, por definición técnica, son intermitentes o variables en su perfil de producción. Sin una red robusta y flexible, esa variabilidad amplifica vulnerabilidades existentes.

El riesgo de una transición sin transmisión adecuada se manifiesta en tres niveles:

Primero, congestión estructural en corredores eléctricos estratégicos. Cuando las líneas operan cerca de su límite térmico, cualquier contingencia reduce márgenes de seguridad.

Segundo, curtailment creciente. Es decir, generación renovable que no puede despacharse aun estando disponible, erosionando modelos financieros y elevando la percepción de incertidumbre para inversionistas.

Tercero, sobrecosto sistémico. La falta de red obliga a operar centrales menos eficientes en zonas deficitarias mientras se desperdicia capacidad en regiones con excedente.

La transición energética no fracasa por falta de paneles solares. Se debilita por ausencia de planeación integrada.

Transmisión: el eslabón menos visible del discurso público

La expansión de la red requiere horizontes de planeación multianual, estudios de flujo de carga, análisis de estabilidad transitoria y coordinación interinstitucional. No es un proyecto político de corto plazo. Es infraestructura crítica.

Sin embargo, la narrativa pública suele privilegiar anuncios de nueva generación sobre anuncios de nuevas líneas. La transmisión es menos mediática, pero más determinante.

En un entorno donde el sistema eléctrico debe incorporar mayor penetración renovable, la red cumple tres funciones críticas:

Garantizar estabilidad angular y de frecuencia.
Permitir intercambio regional eficiente.
Reducir riesgo de apagones por sobrecarga local.

Cuando la transmisión se posterga, el riesgo se acumula silenciosamente.

Planeación fragmentada y señal regulatoria difusa

El riesgo no es exclusivamente técnico. También es regulatorio.

Los desarrolladores requieren certeza sobre capacidad de interconexión, tiempos de construcción de líneas y criterios de asignación de capacidad. Si la planeación de transmisión no es transparente ni vinculante, el mercado reacciona con cautela.

Una transición energética sin claridad en red equivale a un mercado eléctrico con señales incompletas.

Además, la ausencia de mecanismos financieros innovadores para transmisión, como esquemas mixtos o estructuras de inversión compartida, limita la velocidad de expansión.

La transición requiere no solo generación limpia, sino gobernanza técnica del sistema.

El costo estratégico de no anticipar

Si la expansión renovable supera la expansión de red, el sistema enfrenta escenarios de:

Mayor vulnerabilidad ante contingencias.
Reducción en confiabilidad regional.
Incremento en costos marginales locales.
Desalineación entre planeación estatal y ejecución real.

El riesgo no es ideológico. Es estructural.

En el mediano plazo, la brecha entre generación y transmisión puede convertirse en un freno indirecto a la propia transición. No por falta de voluntad política, sino por limitaciones físicas del sistema.

Transición energética como ejercicio de ingeniería, no de narrativa

La discusión pública suele plantear la transición en términos de porcentajes de energía limpia. Pero el sistema eléctrico opera bajo leyes físicas, no bajo discursos.

La verdadera pregunta no es cuánta energía renovable se puede instalar. Es cuánta puede integrarse sin comprometer estabilidad.

Sin transmisión suficiente, la transición energética se convierte en una promesa parcialmente ejecutable.

Y el riesgo, en el sector eléctrico, no se mide en titulares. Se mide en megawatts que no pueden circular.


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