México fue pionero mundial en geotermia, pero durante décadas priorizó petróleo, gas y otras tecnologías. Analizamos las razones históricas, políticas y económicas detrás de esta decisión y sus consecuencias para el sistema eléctrico nacional.
Durante gran parte del siglo XX, México tuvo algo que muchos países industrializados envidiaban: uno de los mayores potenciales geotérmicos del planeta.
Mientras naciones europeas destinaban recursos para identificar reservorios profundos y Japón buscaba alternativas energéticas tras sus limitaciones de recursos fósiles, México ya explotaba vapor geotérmico para generar electricidad en zonas volcánicas de alta temperatura.
Sin embargo, seis décadas después de iniciar el desarrollo geotérmico moderno, la realidad es paradójica.
México sigue apareciendo entre los líderes mundiales en capacidad geotérmica instalada, pero su participación dentro de la matriz eléctrica nacional permanece prácticamente estancada.
La pregunta no es por qué México descubrió tarde la geotermia.
La pregunta es mucho más incómoda:
¿Por qué un país con recursos geológicos excepcionales decidió invertir durante décadas en otras tecnologías mientras dejaba enterrada una de las pocas fuentes renovables capaces de generar electricidad las 24 horas del día?
La respuesta involucra historia petrolera, decisiones de política energética, incentivos económicos, prioridades presupuestales y una visión del sistema eléctrico que durante años favoreció tecnologías más rápidas de desarrollar.
La historia comienza mucho antes de la transición energética.
En los años cincuenta y sesenta, la Comisión Federal de Electricidad comenzó a estudiar zonas volcánicas donde existían manifestaciones térmicas superficiales.
El objetivo inicial era simple:
Encontrar fuentes de generación para regiones alejadas de grandes centros de consumo.
La atención pronto se concentró en un sitio que transformaría la historia energética nacional:
Ubicado en Baja California.
A pocos kilómetros de Mexicali.
Uno de los sistemas geotérmicos más grandes del mundo.
La primera unidad comercial inició operaciones en 1973.
Ese mismo año ocurrió un evento que cambió para siempre la política energética mundial:
Mientras gran parte del planeta buscaba reducir su dependencia del petróleo importado, México descubría enormes reservas petroleras.
Y ahí comenzó la divergencia.
Durante los años setenta y ochenta la economía energética mexicana giró alrededor del petróleo.
Las prioridades nacionales eran claras:
| Prioridad nacional | Nivel de inversión |
|---|---|
| Exploración petrolera | Muy alta |
| Producción petrolera | Muy alta |
| Refinación | Alta |
| Gas natural | Alta |
| Hidroelectricidad | Alta |
| Geotermia | Moderada |
| Solar | Muy baja |
| Eólica | Muy baja |
La lógica era entendible.
México poseía enormes yacimientos convencionales.
Cantarell se convertiría en uno de los campos petroleros más importantes del mundo.
Pemex representaba una fuente creciente de ingresos públicos.
Desde la perspectiva gubernamental, cada peso invertido en petróleo prometía retornos inmediatos.
La geotermia ofrecía algo distinto:
Electricidad estable.
Pero sin exportaciones.
Sin ingresos petroleros.
Sin impacto fiscal comparable.
La consecuencia fue evidente.
Mientras Cerro Prieto crecía, el desarrollo geotérmico nacional avanzaba mucho más lento de lo que permitían los recursos disponibles.
La geotermia nunca generó titulares.
No inauguraba grandes presas.
No descubría nuevos yacimientos.
No producía combustibles.
No generaba exportaciones.
No movía mercados internacionales.
Simplemente producía electricidad.
Y lo hacía de forma silenciosa.
Desde una perspectiva política, era una tecnología difícil de capitalizar.
Las inversiones geotérmicas suelen requerir:
Los beneficios pueden tardar años en materializarse.
En cambio, una central térmica podía construirse más rápido y ofrecer resultados visibles dentro de un ciclo político.
Durante décadas, el sistema eléctrico mexicano fue diseñado alrededor de dos pilares:
Capacidad firme.
Control de carga.
Regulación operativa.
Combustóleo.
Gas natural.
Carbón.
La geotermia ocupó un espacio intermedio.
Aportaba energía continua.
Pero no era considerada estratégica en la misma dimensión.
Paradójicamente, hoy ocurre lo contrario.
Mientras el sistema incorpora más energía solar y eólica, la necesidad de generación firme se vuelve más importante.
Y precisamente ahí la geotermia tiene su mayor ventaja competitiva.
| Década | Capacidad geotérmica estimada |
|---|---|
| 1970 | Menos de 100 MW |
| 1980 | Más de 400 MW |
| 1990 | Cerca de 700 MW |
| 2000 | Más de 900 MW |
| 2010 | Alrededor de 950 MW |
| 2025 | Cerca de 1,000 MW |
Gráfico 1: Capacidad Geotérmica (MW)Lo que revela la gráfica es sorprendente.
El crecimiento acelerado ocurrió hace décadas.
Desde entonces, el avance ha sido mucho más lento.
México pasó de ser un país que expandía agresivamente su geotermia a uno que esencialmente administra los campos existentes.
Existe otro factor menos visible.
La exploración geotérmica es costosa.
Y el resultado nunca está garantizado.
A diferencia de un parque solar, donde la radiación puede medirse con relativa facilidad, la geotermia requiere perforar para confirmar el recurso.
Antes de perforar:
Nadie sabe exactamente:
Cada pozo exploratorio puede costar millones de dólares.
Y existe la posibilidad de fracasar.
Ese riesgo geológico se convirtió en uno de los principales obstáculos para el crecimiento del sector.
La apertura energética de la década pasada generó expectativas importantes.
Por primera vez se crearon mecanismos específicos para:
Se esperaba una ola de nuevos proyectos.
Sin embargo, los resultados fueron limitados.
¿Por qué?
Porque la geotermia no responde a los mismos tiempos que la solar.
Un parque fotovoltaico puede desarrollarse en pocos años.
Un proyecto geotérmico puede requerir una década desde la exploración hasta la operación comercial.
Muchos inversionistas optaron por tecnologías con retornos más rápidos.
Países con menos recursos geotérmicos desarrollaron estrategias agresivas.
Transformó la geotermia en un pilar económico nacional.
Convirtió la geotermia en uno de los ejes de su sistema eléctrico.
Implementó programas masivos de exploración.
Multiplicó su capacidad instalada en pocos años.
México observó gran parte de esa expansión desde una posición relativamente estable.
Sin retroceder.
Pero tampoco acelerando.
Actualmente la mayor parte de la generación geotérmica nacional sigue dependiendo de unos cuantos complejos históricos.
| Campo | Estado |
|---|---|
| Cerro Prieto | Baja California |
| Los Azufres | Michoacán |
| Los Humeros | Puebla |
| Domo San Pedro | Nayarit |
| Tres Vírgenes | Baja California Sur |
Esta concentración representa un riesgo estratégico.
Si el crecimiento depende únicamente de campos desarrollados hace décadas, el potencial nacional permanece subutilizado.
La transición energética modificó completamente la conversación.
Durante décadas la pregunta fue:
¿Cuál es la forma más barata de producir electricidad?
Hoy la pregunta es distinta.
¿Cómo garantizar electricidad limpia y disponible cuando se necesita?
Esa diferencia es fundamental.
La solar produce cuando hay sol.
La eólica produce cuando hay viento.
La geotermia produce cuando la red la necesita.
Ese atributo la convierte en una de las pocas fuentes renovables capaces de sustituir parcialmente generación fósil sin depender de almacenamiento masivo.
Diversos estudios geológicos nacionales e internacionales coinciden en que México posee recursos geotérmicos significativamente superiores a la capacidad actualmente instalada.
La verdadera discusión ya no es si existe potencial.
La discusión es:
La tecnología existe.
La experiencia operativa existe.
El recurso existe.
Lo que históricamente ha faltado es una decisión consistente para convertir la geotermia en una prioridad estratégica.
La historia de la geotermia mexicana es, en muchos sentidos, la historia de una oportunidad parcialmente aprovechada.
México fue pionero.
Construyó algunos de los campos más importantes del mundo.
Formó especialistas.
Desarrolló conocimiento técnico.
Pero al mismo tiempo priorizó otras fuentes energéticas que parecían más rentables o políticamente atractivas.
Hoy el contexto es diferente.
La confiabilidad eléctrica vuelve a ser una preocupación nacional.
La necesidad de generación firme aumenta.
La electrificación avanza.
La demanda de energía crece.
Y la geotermia reaparece como una tecnología que nunca desapareció, pero que tampoco recibió la atención que su valor estratégico justificaba.
La pregunta para la próxima década ya no es si México tiene recursos geotérmicos.
La pregunta es si finalmente está dispuesto a utilizarlos.
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