La meta 23.5% de energía limpia enfrenta cuellos de transmisión, falta de firmeza y retos de CAPEX en México 2026–2030.
El dato parece alentador: México ronda 23.5% de generación eléctrica con fuentes limpias. Pero el porcentaje, por sí mismo, no define una transición estructural. Define una fotografía parcial.
El sistema eléctrico mexicano sigue dominado por ciclos combinados alimentados con gas natural. La generación térmica representa el ancla de confiabilidad, mientras que la expansión renovable se enfrenta a un límite físico: la red.
La transición no se mide en participación porcentual. Se mide en firmeza y capacidad de transportar energía desde donde se genera hasta donde se consume.
El parque de generación mexicano mantiene una base sólida en ciclos combinados. Esto responde a tres factores técnicos:
Flexibilidad operativa.
Tiempo relativamente corto de arranque.
Compatibilidad con infraestructura existente.
El problema no es la presencia del ciclo combinado. Es la dependencia estructural del gas natural importado para sostener esa base.
Las renovables —principalmente solar y eólica— han crecido en capacidad instalada, pero su aportación efectiva depende de:
Disponibilidad horaria.
Condiciones climáticas.
Capacidad de evacuación por transmisión.
En varios nodos del norte y sureste, la limitante no es generación adicional. Es capacidad de transporte.
Las líneas de 400 kV y 230 kV operan en ciertos corredores con saturación recurrente. Cuando un nodo está congestionado, la generación renovable puede ser despachada por debajo de su capacidad instalada.
Esto genera tres efectos:
Curtailment técnico.
Señales de precio nodal distorsionadas.
Incentivo limitado a nueva inversión.
La meta de energía limpia pierde significado si no existe infraestructura suficiente para integrar la capacidad adicional.
Cumplir un porcentaje no implica cumplir una transición. Técnicamente se requiere:
La firmeza es la capacidad de generar energía cuando el sistema la necesita, no solo cuando el recurso está disponible. Esto exige respaldo térmico o almacenamiento.
Sin firmeza, el riesgo de desequilibrio frecuencia-carga aumenta.
Baterías a escala de red, bombeo hidráulico o soluciones híbridas permiten desplazar generación renovable hacia horas pico.
Sin almacenamiento, la penetración renovable tiene un techo operativo.
Modernizar centrales existentes, mejorar eficiencia y reducir emisiones puede aportar más capacidad limpia efectiva que construir nuevos parques en nodos saturados.
Los proyectos deben acompañarse de ampliaciones de red. La interconexión no es trámite administrativo. Es ingeniería de sistema.
La expansión de transmisión de alta tensión requiere inversiones multimillonarias. Un solo corredor de 400 kV puede implicar:
Derecho de vía.
Subestaciones asociadas.
Transformadores de potencia.
Sistemas de protección y control.
La inversión en generación renovable sin inversión paralela en red genera activos subutilizados.
Las regiones con mayor potencial solar y eólico no siempre coinciden con los centros de carga. El noreste y el istmo concentran potencial, mientras que el Valle de México y el Bajío concentran demanda.
Sin nuevos enlaces troncales, la penetración adicional es limitada.
El desarrollo de una línea de transmisión puede tardar entre tres y seis años considerando ingeniería, permisos, adquisición de terrenos y construcción.
Las metas 2030 requieren decisiones de inversión antes de 2026 para ser viables.
23.5% no es irrelevante. Pero tampoco es sinónimo de transición consolidada.
La pregunta técnica es otra:
¿Cuánta capacidad limpia es firme?
¿Cuánta puede despacharse sin congestión?
¿Cuánta tiene respaldo?
Sin respuestas concretas a estas variables, la meta es estadística. No estructural.
La transición eléctrica no se gana en el porcentaje anual. Se gana en la ingeniería de red.
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