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El regulador que no regula también decide: discrecionalidad y riesgo en el sector energético mexicano

Análisis sobre cómo la discrecionalidad y la omisión regulatoria influyen en la inversión, el riesgo y la estabilidad del sector energético mexicano. Una reflexión estratégica sobre gobernanza y regulación.

El regulador que no regula también decide: discrecionalidad y riesgo en el sector energético mexicano

En el sector energético, la omisión no es neutral.
Cuando un regulador guarda silencio, pospone resoluciones o evita emitir criterios técnicos, está ejerciendo poder. No regular también es una forma de decisión.

En México, donde el sector energía depende estructuralmente de permisos, autorizaciones, metodologías tarifarias, criterios técnicos y lineamientos administrativos, la discrecionalidad regulatoria no siempre se expresa en actos visibles. Muchas veces se manifiesta en retrasos, interpretaciones cambiantes o ausencia de definiciones formales.

Ese vacío operativo tiene efectos reales en inversión, financiamiento, operación y planeación.

Y es ahí donde el regulador que no regula termina decidiendo.

La discrecionalidad como instrumento silencioso

La regulación energética no es solo un conjunto de normas. Es un sistema dinámico que articula decisiones técnicas, económicas y administrativas.

Cuando una autoridad evita emitir lineamientos claros o retrasa resoluciones, crea incertidumbre regulatoria. La incertidumbre modifica el comportamiento de los agentes económicos.

  • Una inversión se detiene.
  • Un banco retrasa el crédito.
  • Un proyecto reduce alcance.
  • Un operador asume riesgo adicional.

En términos económicos, la omisión regulatoria altera el costo de capital. En términos jurídicos, genera asimetría de interpretación. En términos operativos, paraliza decisiones técnicas.

La discrecionalidad no siempre es abuso. A veces es capacidad técnica insuficiente, falta de recursos o saturación administrativa. Pero sus efectos son equivalentes: el mercado se mueve bajo señales incompletas.

Energía: un sector donde el silencio pesa más

El sector energético mexicano no opera bajo libertad plena de mercado. Está altamente regulado.

Permisos de generación, almacenamiento, transporte, expendio, cumplimiento ambiental, estándares técnicos, metodologías de tarifas, inspecciones, verificaciones y autorizaciones cruzadas forman parte del ciclo operativo.

Cuando una autoridad no resuelve:

  • Se frena un gasoducto.

  • Se detiene una interconexión.

  • Se congela una expansión.

  • Se pospone un cierre financiero.

No emitir regulación también es enviar un mensaje.

Y ese mensaje suele interpretarse como riesgo.

Discrecionalidad y planeación pública

En sistemas energéticos maduros, la regulación ofrece previsibilidad. La planeación de red, la expansión de infraestructura y la transición energética requieren marcos claros.

Cuando la discrecionalidad domina, la planeación se vuelve reactiva.

La consecuencia no es solo privada. Es sistémica.

Sin certidumbre:

  • Las inversiones en transmisión se desaceleran.

  • El almacenamiento no se financia.

  • Los contratos se estructuran con primas de riesgo.

  • El desarrollo tecnológico se posterga.

La regulación no es solo control. Es arquitectura institucional.

Cuando esa arquitectura se vuelve opaca, el sistema pierde eficiencia.

La línea delgada entre flexibilidad y arbitrariedad

Todo regulador necesita margen de interpretación. La ley no puede prever cada escenario técnico.

Pero existe una diferencia entre flexibilidad técnica y discrecionalidad política.

  • La primera se basa en criterios objetivos documentados.
  • La segunda se apoya en decisiones variables sin precedentes claros.

El problema no es que exista discrecionalidad. El problema es que no esté estructurada ni trazable.

En energía, donde los proyectos son intensivos en capital y de largo plazo, la estabilidad regulatoria no es un lujo. Es un requisito financiero.

Gobernar el silencio regulatorio

La solución no es eliminar la discrecionalidad. Es gestionarla.

Un regulador moderno necesita:

  • Transparencia en criterios.
  • Tiempos definidos de resolución.
  • Métricas públicas de desempeño.
  • Trazabilidad de decisiones.
  • Digitalización de procesos regulatorios.

La gobernanza energética ya no puede depender de oficios aislados o criterios no sistematizados.

La regulación debe ser medible.

Y cuando no lo es, el mercado lo percibe como riesgo estructural.

Cuando la omisión se convierte en política energética

El regulador que no regula también modela el sistema.

  • La ausencia de resoluciones puede favorecer actores integrados verticalmente.
  • Puede frenar competencia.
  • Puede desalentar inversión extranjera.
  • Puede concentrar poder operativo.

No emitir regulación también redistribuye oportunidades.

En ese sentido, la discrecionalidad es una variable estratégica.

El desafío hacia adelante

México enfrenta un momento energético crítico: mayor demanda eléctrica, necesidad de expansión de redes, transición energética, presiones fiscales y retos operativos.

En este contexto, la estabilidad regulatoria es tan relevante como la infraestructura física.

Un sistema donde la regulación es impredecible encarece cada megawatt, cada barril, cada molécula transportada.

  • El regulador que no regula no es neutral.
  • Está configurando el mercado.

La pregunta no es si existe discrecionalidad.
La pregunta es si está diseñada o si simplemente ocurre.

Donde RegulaOps entra en la conversación

La discrecionalidad no puede eliminarse, pero sí puede mapearse, documentarse y gestionarse.

RegulaOps permite:

  • Identificar patrones de resolución.

  • Detectar retrasos estructurales.

  • Mapear riesgos regulatorios por segmento.

  • Cuantificar exposición operativa ante vacíos normativos.

  • Transformar incertidumbre en métricas.

Porque en energía, la ventaja competitiva no solo está en producir o generar.

Está en entender cómo se mueve la regulación.

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