La caída en los principales indicadores de exploración de Pemex, reportada por El Economista, no es un ajuste coyuntural. Es una señal estructural que compromete la producción futura, la reposición de reservas y la capacidad de sostener ingresos petroleros en el mediano plazo. El problema no es técnico aislado: es estratégico.
Pemex registró en 2025 una disminución relevante en indicadores clave de exploración: menos pozos exploratorios perforados, menor actividad de evaluación y una reducción en descubrimientos y recursos incorporados. El dato, leído en frío, podría parecer un ajuste operativo; leído en contexto, es una alerta estructural.
En exploración petrolera, los indicadores no reaccionan en tiempo real a la producción. Operan con rezagos de varios años. Cuando la perforación exploratoria cae hoy, el impacto real se manifiesta mañana en reservas, y pasado mañana en producción. Por eso, la exploración es un “leading indicator” del futuro petrolero.
Menos perforación exploratoria
Cada pozo exploratorio que no se perfora hoy es una oportunidad menos de incorporar nuevos recursos. En términos económicos, implica reducir el “inventario” de proyectos que alimentan la plataforma productiva futura. Sin ese inventario, la producción depende exclusivamente de campos maduros.
Menos descubrimientos y menor éxito exploratorio
El éxito exploratorio no es solo una métrica técnica: define cuántos barriles potenciales entran al portafolio. Si el ratio de éxito baja o la cartera de prospectos se reduce, la reposición de reservas se vuelve insuficiente frente al ritmo de extracción.
Efecto directo en reservas
La reposición de reservas es el puente entre exploración y producción sostenible. Cuando los descubrimientos no compensan lo producido, el balance se deteriora. En términos financieros, esto erosiona el valor futuro de la empresa y limita su capacidad de generar ingresos estables más allá del corto plazo.
Pemex ha sostenido su producción reciente con una estrategia intensiva en campos existentes, desarrollo acelerado y explotación de reservas probadas. Esa estrategia funciona mientras exista un “colchón” de descubrimientos pasados. Pero la caída de la exploración indica que ese colchón no se está renovando.
Si la tendencia continúa en 2026–2027, los riesgos se acumulan:
Declinación natural más difícil de compensar, especialmente en campos maduros.
Menor flexibilidad operativa, al depender de un número reducido de activos.
Mayor presión presupuestal, porque sostener producción en campos envejecidos suele requerir más CAPEX y OPEX por barril.
Volatilidad en ingresos petroleros, al perderse la base que permite planear a largo plazo.
El problema de exploración no se resuelve con discurso ni con metas administrativas. Las opciones reales son conocidas, pero exigen decisiones:
Focalización estricta
Concentrar exploración en áreas de mayor probabilidad geológica y retorno económico, aceptando que no todo el portafolio puede sostenerse.
Asociaciones y farmouts
Compartir riesgo exploratorio permite ampliar actividad sin cargar todo el CAPEX. No es una cesión de soberanía; es una herramienta para sostener la base productiva futura.
Rebalanceo del gasto
Priorizar exploración como inversión estratégica, no como variable de ajuste presupuestal. Cada peso recortado hoy tiene un costo multiplicado mañana.
Cambio de enfoque temporal
Aceptar que la producción máxima inmediata no puede lograrse sacrificando exploración sin pagar un precio en el mediano plazo.
La lectura final es directa y técnica: sin exploración no hay producción que sostener, independientemente del discurso político o de los objetivos de corto plazo. La caída en los indicadores de exploración de Pemex es una señal adelantada de riesgo estructural. Ignorarla no detiene el efecto; solo lo difiere. En upstream, el futuro no se improvisa: se perfora, se descubre y se incorpora… o simplemente no llega.
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