El CEO de ADNOC afirma que la demanda global de petróleo seguirá por encima de 100 millones de barriles diarios hasta 2040. La postura revela cómo los grandes productores planean inversión y qué implica para Pemex y México.
Las declaraciones del director general de Abu Dhabi National Oil Company Sultan Al Jaber, en el sentido de que la demanda global de petróleo se mantendrá por encima de los 100 millones de barriles diarios hasta 2040, no son un ejercicio de futurología ni una provocación retórica. Reflejan una lectura operativa del sistema energético global que hoy comparten varios de los grandes productores y que contrasta con narrativas de transición acelerada centradas exclusivamente en reducción de consumo.
Desde la óptica de un productor integrado con presencia en upstream, refinación y petroquímica, la afirmación parte de un diagnóstico estructural. El petróleo sigue siendo un insumo transversal para transporte, industria y cadenas logísticas que no han encontrado sustitutos a escala global con la velocidad que asumen algunos escenarios de política pública. Para quienes toman decisiones de inversión con horizontes de veinte o treinta años, la pregunta central no es cuándo empieza la transición, sino cómo se administra un periodo prolongado de coexistencia entre fuentes energéticas.
La postura de ADNOC revela que, detrás del discurso público sobre descarbonización, los grandes actores continúan planeando bajo el supuesto de una demanda robusta y persistente. Esto tiene implicaciones directas en asignación de capital. Mantener la expectativa de consumo elevado justifica inversiones en capacidad productiva, optimización de costos y expansión de valor agregado, en lugar de una retirada ordenada del petróleo. En ese contexto, la transición no se lee como un apagón de demanda, sino como una presión creciente para producir de forma más eficiente y con menor intensidad de emisiones.
El contraste con narrativas de transición acelerada es evidente. Mientras algunos discursos plantean un pico inminente seguido de una caída rápida, la visión expresada por ADNOC asume fricciones reales en infraestructura, consumo y crecimiento demográfico. Esa diferencia no es ideológica, sino estratégica. Determina si una empresa se posiciona para capturar mercado en un entorno de oferta restringida o si reduce exposición anticipando un declive abrupto que aún no se materializa.
Para México, esta lectura tiene implicaciones claras. Si los grandes productores planean con base en una demanda sostenida, el país enfrenta un dilema de posicionamiento. Petróleos Mexicanos opera con activos maduros y presiones operativas, pero también con una base de recursos que sigue siendo relevante en un mercado que no se contrae. La visión de ADNOC sugiere que abandonar prematuramente la planeación de largo plazo en petróleo implica ceder espacio en exportaciones y perder la capacidad de capturar rentas mientras la demanda global permanece elevada.
En refinación, el mensaje es igualmente relevante. Una demanda sostenida de crudo implica continuidad en la demanda de combustibles y derivados, incluso en escenarios de electrificación parcial. Para México, esto refuerza la necesidad de evaluar la eficiencia y el posicionamiento de su sistema de refinación no solo como política de autosuficiencia, sino como parte de una cadena de valor que seguirá siendo estratégica durante décadas.
La planeación de largo plazo se vuelve el eje. La afirmación de ADNOC no niega la transición energética, pero sí redefine su ritmo y sus efectos sobre el mercado. Para productores como México, el reto no es apostar por un extremo u otro, sino diseñar una estrategia que reconozca la persistencia del petróleo como commodity central, al tiempo que gestiona riesgos regulatorios y tecnológicos. En ese equilibrio se juega la relevancia de Pemex y del país en el mapa energético global de las próximas dos décadas.
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