Pemex anunció una estrategia integral de transición energética centrada en recuperación de gas de antorcha, eficiencia térmica, cogeneración y gestión de energía y agua. Más allá del discurso, el reto es operativo: confiabilidad, costos, emisiones y cumplimiento. Qué es verificable, qué falta medir y cómo impacta a upstream, midstream y refinación.
De acuerdo con Pemex, la empresa impulsa una estrategia integral para avanzar en su transición energética que incluye recuperación de gas de antorcha, gestión integral de energía y agua, aprovechamiento de calor residual, cogeneración eficiente e integración de sistemas térmicos, con metas hacia 2030, según reportes de La Jornada (21 y 22 de enero de 2026).
Leída desde la operación —no como “nota verde”— la propuesta implica rediseñar cómo se captura, mide y reutiliza la energía dentro de instalaciones que hoy operan con pérdidas térmicas y venteos inevitables cuando falta infraestructura, control o confiabilidad. Traducido a planta: menos antorcha no es solo menos emisiones; es más gas disponible, menor consumo energético específico, menos paros y costos marginales más bajos cuando los sistemas están integrados.
Recuperación de gas de antorcha.
Operativamente exige compresión, medición y control del gas asociado. No basta con “capturar”: hay que garantizar calidad, continuidad y destino (autoconsumo, cogeneración, reinyección o despacho). Esto reduce pérdidas y volatilidad operativa, pero añade requisitos de confiabilidad (compresores, redundancias, instrumentación).
Gestión integral de energía y agua.
Es pasar de consumos aislados a balances energéticos y hídricos por instalación. En la práctica, habilita decisiones de carga, mantenimiento y despacho térmico con datos, y reduce costos cuando el agua (tratamiento, bombeo) se integra al diseño energético.
Aprovechamiento de calor residual.
Intercambiadores, recuperación de vapor y cascadas térmicas bajan la intensidad energética y estabilizan procesos. El beneficio real aparece cuando se integra (no como proyectos sueltos): menos combustión primaria para el mismo throughput.
Cogeneración eficiente e integración térmica.
La cogeneración es un activo de confiabilidad: electricidad y calor en sitio reducen dependencia externa y suavizan picos. La clave es la integración con redes de vapor y procesos; de lo contrario, el rendimiento prometido no se materializa.
Lo citado/verificable (según La Jornada):
Existencia de una estrategia integral con ejes claros (antorcha, energía/agua, calor residual, cogeneración).
Metas hacia 2030 para reducir emisiones y mejorar eficiencia.
Lo que falta para evaluación técnica completa (no reportado en las notas):
Línea base por instalación (volúmenes actuales de antorcha/venteos, intensidad energética).
Alcance (qué activos/instalaciones y en qué proporción).
Cronograma intermedio (hitos 2026–2029).
CAPEX/OPEX estimado y fuentes de financiamiento.
Responsables operativos y esquemas de gobernanza.
KPIs de desempeño (por ejemplo: % de gas recuperado, MMBtu/boe, tCO₂e/boe, disponibilidad de sistemas).
Sin estos elementos, la estrategia existe, pero su ejecución y verificación quedan abiertas.
Sin inventar normas, este tipo de frentes normalmente se cruza con permisos y reporteo ambiental, inspecciones y auditorías de desempeño. Un operador robusto debería poder exhibir:
Registros de antorcha/venteos (medición continua o campañas), causas y acciones correctivas.
Balances energéticos auditables y indicadores de intensidad.
Programas de mantenimiento de compresión, intercambiadores y redes de vapor.
Evidencia de gestión (procedimientos, capacitación, controles).
La ausencia de medición y trazabilidad eleva el riesgo de incumplimiento y de fallas operativas que terminan en paros o sobrecostos.
Upstream (producción).
Menos antorcha y venteo requieren capacidad de compresión y manejo del gas asociado. El beneficio es doble: menores emisiones y mejor confiabilidad cuando el gas se integra a generación o procesos; el riesgo es operar sin redundancias.
Downstream / refinación.
La energía térmica domina costos y confiabilidad. Recuperar calor y optimizar vapor reduce intensidad energética y mitiga paros. La integración evita “islas” de eficiencia que no escalan.
Logística / midstream interno.
Pérdidas energéticas y medición son críticas. Integrar datos de consumo y pérdidas mejora control y soporta auditorías; sin medición, no hay mejora sostenida.
Bajar estas iniciativas al piso de planta impacta caja y confiabilidad antes que reputación. Menos antorcha es más gas útil; más calor recuperado es menos combustible comprado; cogeneración integrada es menos exposición a fallas externas. La transición, aquí, es ingeniería y operación.
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