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Mantenimiento diferido en Pemex: riesgo operativo en refinerías, ductos y TAR

Presión financiera y mantenimiento diferido elevan riesgo en refinerías, ductos y terminales petroleras en México.

Mantenimiento diferido en Pemex: riesgo operativo en refinerías, ductos y TAR

En la industria petrolera, el flujo de caja no solo paga deuda o financia inversión. También determina cuántas inspecciones se ejecutan a tiempo, cuántos intercambiadores se abren antes de fallar y cuántos kilómetros de ducto se instrumentan para monitoreo predictivo.

Cuando la presión financiera aumenta, el primer ajuste operativo rara vez se anuncia públicamente. Se difiere mantenimiento preventivo, se extienden ventanas de inspección y se prioriza producción inmediata sobre confiabilidad estructural. En el corto plazo, la operación continúa. En el mediano plazo, el riesgo se acumula.

Flujo de caja y mantenimiento: la relación invisible

El mantenimiento preventivo y predictivo requiere disciplina presupuestal constante. Programas de inspección basada en riesgo, análisis de vibraciones, pruebas no destructivas, calibración de válvulas de seguridad y revisión de sistemas de protección contra incendio dependen de recursos sostenidos.

Cuando el flujo operativo se estrecha:

  • Se alargan intervalos de inspección.

  • Se difieren paros programados.

  • Se priorizan intervenciones correctivas sobre preventivas.

Esto no implica negligencia inmediata. Implica deterioro progresivo del margen de seguridad.

En complejos industriales de alta intensidad energética, como las refinerías mexicanas, el desgaste acumulativo es exponencial.

Refinerías bajo presión: Tula, Salamanca y Madero

Las refinerías de Refinería Miguel Hidalgo, Refinería Ingeniero Antonio M. Amor y Refinería Francisco I. Madero operan con infraestructura que en muchos casos supera varias décadas de servicio.

En este tipo de activos, el mantenimiento no es opcional; es estructural.

Equipos críticos como torres de destilación, hornos de proceso, compresores de hidrógeno y sistemas de azufre requieren inspecciones periódicas con base en códigos internacionales y programas internos de integridad mecánica. El diferimiento de una parada mayor puede sostener producción durante algunos meses adicionales, pero incrementa:

  • Probabilidad de fugas en bridas y válvulas.

  • Fallas en sellos mecánicos.

  • Fatiga térmica en intercambiadores.

  • Incidentes en sistemas de flare.

Los paros no programados en refinería no solo reducen producción. Desestabilizan todo el sistema logístico asociado.

Ductos y TAR: el riesgo lineal que se vuelve sistémico

En transporte por ducto, el mantenimiento diferido es aún más crítico. La corrosión interna y externa no se detiene cuando el presupuesto se ajusta.

Las Terminales de Almacenamiento y Reparto (TAR) operan como nodos estratégicos del sistema de petrolíferos. Bombas, sistemas eléctricos, válvulas de alivio y sistemas contra incendio deben mantenerse bajo estándares estrictos de inspección.

Un ducto con inspecciones inteligentes (ILI) pospuestas o con monitoreo catódico insuficiente puede transitar meses sin eventos visibles. Pero cuando ocurre una falla, el impacto es:

  • Ambiental.

  • Operativo.

  • Reputacional.

  • Financiero.

La integridad lineal no admite recortes prolongados sin consecuencias.

Cumplimiento con la autoridad ambiental

La Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente exige programas formales de mantenimiento e integridad como parte de las obligaciones regulatorias en materia de seguridad industrial y protección ambiental.

Los sistemas de administración en Seguridad, Salud y Protección Ambiental (SSPA) requieren evidencia documental de inspecciones, calibraciones y mantenimiento preventivo. No basta con operar; hay que demostrar control.

Cuando el mantenimiento se difiere, el riesgo no solo es técnico. Es regulatorio. Una auditoría que detecte desviaciones sistemáticas en programas de inspección puede derivar en medidas correctivas, multas o incluso suspensión temporal de operaciones.

El cumplimiento formal se vuelve frágil cuando el presupuesto operativo se ajusta de forma recurrente.

Incidentes y paros no programados: el costo real

En mantenimiento industrial, la diferencia entre preventivo y correctivo es el factor multiplicador del costo.

Un paro programado permite:

  • Planificar refacciones.

  • Coordinar personal especializado.

  • Minimizar impacto logístico.

Un paro no programado implica:

  • Interrupción súbita de producción.

  • Daños colaterales en equipos adyacentes.

  • Riesgo de liberación de hidrocarburos.

  • Activación de protocolos de emergencia.

Las finanzas tensas no reducen el riesgo; lo redistribuyen hacia eventos menos controlables.

En sistemas complejos como refinerías y redes de ductos, la confiabilidad es acumulativa. Cada intervención omitida incrementa la probabilidad estadística de falla.

Cultura SSPA: el termómetro operativo

La cultura SSPA no se mide en discursos, sino en la consistencia de mantenimiento ejecutado conforme a programa.

Cuando la presión financiera desplaza la prioridad del mantenimiento preventivo hacia la producción inmediata, el mensaje implícito a la organización es claro: producir hoy pesa más que preservar mañana.

Ese cambio cultural es sutil y progresivo. Y es el verdadero riesgo silencioso.

La operación petrolera mexicana no se define solo por metas de producción o balances financieros. Se define por la disciplina con la que sostiene la integridad mecánica de sus activos críticos bajo condiciones de presión económica.


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