La creciente tensión en el mercado global de gas natural licuado pone en riesgo la estabilidad energética de muchos países. El fenómeno podría impactar indirectamente a México, cuya electricidad depende cada vez más del gas.
Durante décadas el petróleo fue el combustible que definía la estabilidad energética del mundo. Los grandes conflictos geopolíticos, las crisis económicas y los cambios en el sistema energético global solían girar alrededor del crudo. Hoy, sin embargo, otro hidrocarburo se ha colocado en el centro de la conversación internacional.
Ese combustible es el gas natural.
En particular, el gas natural licuado, conocido internacionalmente como LNG, se ha convertido en uno de los mercados más estratégicos y sensibles de la economía energética global. Las tensiones recientes en torno al suministro de este recurso han revelado hasta qué punto la estabilidad energética de muchos países depende de rutas comerciales extremadamente complejas y concentradas en pocos actores.
En marzo de 2026, el mercado internacional de LNG vuelve a mostrar señales de presión. Las tensiones geopolíticas en regiones clave del suministro, combinadas con una demanda creciente de gas natural para generación eléctrica, han elevado la sensibilidad de los mercados energéticos ante cualquier señal de interrupción.
La situación es observada con atención no solo por países importadores en Europa y Asia. También tiene implicaciones indirectas para economías como la mexicana, cuyo sistema eléctrico depende cada vez más del gas natural.
El gas natural no es un combustible nuevo. Durante décadas ha sido utilizado en sistemas industriales y generación eléctrica. Sin embargo, su comercio internacional cambió radicalmente cuando la industria energética desarrolló tecnología para transportarlo a grandes distancias.
El gas natural licuado se obtiene al enfriar el gas hasta aproximadamente menos 162 grados Celsius. En ese estado, el volumen del combustible se reduce drásticamente, lo que permite transportarlo en buques especializados a través de los océanos.
Este proceso creó un nuevo mercado energético global.
Antes del LNG, el comercio internacional de gas dependía principalmente de gasoductos que conectaban regiones productoras con países consumidores. Ese modelo limitaba la flexibilidad del suministro. Con el gas natural licuado, el combustible puede ser enviado prácticamente a cualquier lugar del mundo que cuente con terminales de regasificación.
Ese cambio convirtió al LNG en una pieza fundamental de la seguridad energética internacional.
A pesar de su expansión global, el mercado de LNG sigue concentrado en un número relativamente pequeño de países exportadores.
Entre ellos, Qatar ocupa una posición particularmente influyente.
El pequeño emirato del Golfo Pérsico se ha consolidado durante años como uno de los mayores exportadores de gas natural licuado del mundo. Sus gigantescos campos de gas, ubicados en el reservorio North Field compartido con Irán, contienen algunas de las mayores reservas de gas natural del planeta.
Desde sus terminales de exportación en Ras Laffan, Qatar envía cargamentos de LNG a mercados en Europa, Asia y otras regiones que dependen de este combustible para sostener sus sistemas energéticos.
La influencia del país dentro del mercado global de gas es comparable a la que Arabia Saudita ha tenido históricamente en el mercado petrolero.
Por esa razón, cualquier señal de interrupción en el suministro proveniente del Golfo Pérsico genera reacciones inmediatas en los mercados internacionales.
El comercio global de LNG depende de rutas marítimas extremadamente sensibles desde el punto de vista geopolítico.
Una de las más importantes es el estrecho de Ormuz, una vía marítima estratégica ubicada entre Irán y Omán por donde transita una parte significativa del gas natural licuado que se exporta desde Qatar.
Cuando surgen tensiones militares o políticas en esa región, los mercados energéticos reaccionan de inmediato.
El simple riesgo de que el tránsito marítimo se vea afectado puede provocar aumentos abruptos en los precios del gas natural.
En los últimos años, episodios de tensión en el Golfo Pérsico han provocado aumentos repentinos en los contratos spot de LNG, especialmente en Asia y Europa.
Esto ocurre porque el mercado del gas natural es extremadamente sensible a interrupciones en el suministro.
Cuando el suministro de LNG se vuelve incierto, los mercados reaccionan rápidamente.
Los compradores intentan asegurar cargamentos adicionales para evitar posibles escaseces, lo que eleva la demanda en el mercado spot. Ese aumento en la demanda se traduce en incrementos inmediatos en los precios del gas.
Los efectos se extienden rápidamente más allá del sector energético.
El gas natural es uno de los principales combustibles utilizados para generar electricidad en muchas economías industrializadas. También es un insumo fundamental para la producción de fertilizantes, productos petroquímicos y diversos procesos industriales.
Cuando el precio del gas aumenta, el impacto se propaga hacia múltiples sectores de la economía.
Las tarifas eléctricas pueden subir, los costos de producción agrícola aumentan y las industrias intensivas en energía enfrentan presiones adicionales.
Este fenómeno ha sido visible en varios episodios recientes del mercado energético global.
Europa y Asia se han convertido en los principales destinos del comercio internacional de LNG.
Después de la crisis energética provocada por la guerra en Ucrania, muchos países europeos aceleraron la construcción de terminales de regasificación para reducir su dependencia del gas ruso transportado por ductos.
El resultado fue un aumento significativo en la demanda europea de LNG.
Al mismo tiempo, las economías asiáticas continúan siendo grandes consumidoras de gas natural licuado para alimentar sus sistemas eléctricos y su industria.
China, Japón y Corea del Sur figuran entre los mayores compradores del combustible.
Esta competencia entre regiones por asegurar suministro ha incrementado la sensibilidad del mercado global.
Cuando el suministro se vuelve incierto, la competencia por cargamentos disponibles puede provocar incrementos bruscos en los precios.
Los países que dependen del gas natural para generar electricidad son particularmente vulnerables a estos movimientos del mercado.
Si el precio del gas aumenta o el suministro se vuelve incierto, los operadores eléctricos pueden enfrentar dificultades para garantizar el abastecimiento de combustible necesario para mantener sus sistemas energéticos.
En algunos casos, los gobiernos se ven obligados a intervenir para asegurar contratos de suministro o subsidiar costos energéticos que podrían trasladarse a consumidores e industrias.
Esto convierte al gas natural en una variable estratégica dentro de la planificación energética nacional.
Aunque México no es un gran importador de LNG en comparación con Europa o Asia, la evolución de su sistema energético lo coloca dentro de esta dinámica global.
La generación eléctrica mexicana depende cada vez más del gas natural.
Las centrales de ciclo combinado operadas por la Comisión Federal de Electricidad producen una parte significativa de la electricidad consumida en el país. Estas plantas utilizan gas natural como combustible principal.
El problema es que México produce menos gas del que necesita.
Para cubrir la demanda eléctrica, el país importa grandes volúmenes de gas desde Estados Unidos a través de una extensa red de gasoductos transfronterizos.
Mientras el mercado energético norteamericano se mantenga estable, este modelo funciona con relativa eficiencia.
Pero el sistema sigue dependiendo de condiciones externas.
Si el mercado internacional de gas se vuelve más volátil o si las tensiones geopolíticas alteran los precios globales, el impacto puede transmitirse indirectamente al mercado energético mexicano.
La globalización de los mercados energéticos ha creado una red extremadamente interconectada.
El precio del gas natural en Asia puede influir en los precios del LNG que se venden en Europa. Esos cambios pueden modificar flujos comerciales que eventualmente impactan los mercados norteamericanos.
Aunque México importa gas principalmente desde Estados Unidos, el precio del combustible dentro del mercado estadounidense también responde a dinámicas globales.
Por esa razón, las tensiones en el comercio internacional de LNG pueden tener efectos indirectos sobre el sistema energético mexicano.
Cada episodio de tensión en el mercado del gas natural deja una lección clara para los países consumidores.
La seguridad energética no depende únicamente de tener suficiente combustible disponible hoy. También depende de la capacidad de resistir choques inesperados en el sistema energético global.
Diversificar fuentes de suministro, mantener infraestructura robusta y desarrollar reservas estratégicas se convierten en elementos clave para reducir vulnerabilidades.
El mercado de LNG seguirá creciendo durante los próximos años.
Pero también seguirá siendo uno de los sectores energéticos más sensibles a los cambios geopolíticos.
Para los países que dependen del gas natural para sostener su sistema eléctrico, esa realidad implica una conclusión inevitable.
La seguridad energética del siglo XXI ya no se juega únicamente en los pozos petroleros.
Se juega también en las rutas marítimas por donde viaja el gas que mantiene encendidas las ciudades.
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