Las restricciones de SIASAM para 2026 —mantenimientos no autorizables del 30 de abril al 15 de septiembre, y pruebas de puesta en servicio del 20 de diciembre de 2025 al 31 de enero de 2026 sujetas a análisis caso por caso— redefinen el 'calendario real' de operación.
El mensaje de CENACE vía SIASAM debe leerse como una regla de confiabilidad: delimita explícitamente periodos en los que el sistema no quiere perder disponibilidad (verano) y periodos en los que quiere controlar con lupa la incertidumbre operativa (invierno por pruebas). En términos de operación del SEN, ambas decisiones apuntan a lo mismo: reducir la probabilidad de eventos simultáneos que obliguen a operar con márgenes estrechos, especialmente cuando las condiciones de demanda, transmisión o reservas son más sensibles.
La definición de ventanas cambia el centro de gravedad de la planeación. A partir de ahora, no basta con que tu mantenimiento “tenga lógica interna” (horas equivalentes, recomendaciones OEM, condición de equipo). Debe ser compatible con el “calendario de confiabilidad” del sistema. Lo mismo aplica para pruebas: ya no se tratan como un cierre natural del proyecto, sino como una actividad que compite por tolerancia operativa del SEN y, por tanto, por autorización.
Sin entrar en comparativos simplistas, el cambio relevante para 2026 es de naturaleza: SIASAM pasa a hacer explícita una restricción amplia para mantenimientos y a condicionar pruebas a evaluación caso por caso en una ventana definida. En la práctica, eso convierte dos periodos del año en “zonas rojas” de planeación.
Esto implica un efecto inmediato: muchas estrategias típicas de calendarización (mover mantenimientos al verano por disponibilidad interna de personal, programar pruebas a fin de año por cierre contractual, “apretar” comisionamiento a diciembre para capitalizar ingresos) se vuelven operativamente riesgosas. En 2026, el riesgo no es solo técnico; es de autorización y de exposición a mercado si el plan se rompe y se ejecuta en condiciones no previstas.
Con la ventana de no autorización de mantenimientos en el tramo mayo–mediados de septiembre, el O&M mayor (inspecciones, overhauls, trabajos en BOP, transformadores principales, protecciones, comunicaciones críticas) se concentra “antes” o “después”. El efecto sistémico es que muchas centrales buscarán las mismas ventanas, elevando fricción en contratistas, refacciones y logística. En un sistema así, el costo de reprogramar no es marginal: se vuelve multiplicador.
Si una unidad llega a verano con mantenimiento crítico postergado, sube el riesgo de fallas forzadas y derates. No es alarmismo; es ingeniería: la probabilidad de salida no programada aumenta cuando se opera cerca de límites térmicos y con cargas sostenidas, justo cuando el sistema suele ser menos tolerante a pérdidas de capacidad.
Y cuando la indisponibilidad se vuelve forzada, se transforma en una mezcla de impactos: presión sobre reservas, posibles restricciones operativas, y exposición a precios en tiempo real para quienes dependen de esa energía (portafolios de suministro) o de esa disponibilidad (ingresos del generador).
La ventana diciembre–enero no prohíbe pruebas, pero cambia la gobernanza: obliga a diseñarlas para minimizar incertidumbre y demostrar control. Para nuevas entradas (o repotenciaciones), esto empuja a una planeación más robusta: secuencias de pruebas, criterios de éxito, coordinación con centro de control, disponibilidad de telemetría y protecciones, y sobre todo un cronograma que tenga holguras reales. En 2026, el error típico será planear pruebas como si fueran “un evento” y no una “campaña” que debe ser operable para el SEN.
Cuando el sistema opera más ajustado, la indisponibilidad (propia o del entorno) se refleja con mayor intensidad en precios nodales, dispersión y costo de reservas. Incluso sin entrar en fórmulas, la traducción ejecutiva es clara: un plan O&M mal sincronizado puede convertir una semana normal en una semana de costo incremental significativo por compras spot, desbalances, reconfiguración de portafolio o pérdida de margen operativo.
Ciclos combinados (base y respaldo del sistema):
Son los más expuestos por dos razones: concentran capacidad firme y suelen ser requeridos para sostener reservas y flexibilidad. Su O&M mayor es pesado en recursos y ventanas; si no se asegura autorización y logística antes del corte, el riesgo de operar “al límite” en verano sube y los costos de un tropiezo se amplifican.
Renovables con respaldo y nuevas entradas (pruebas y cumplimiento):
Las renovables no “fallan” como térmicas, pero su exposición está en la interconexión, la telemetría, los requisitos de control y las pruebas de puesta en servicio. Una prueba reprogramada en esa ventana puede desplazar ingresos, comprometer hitos contractuales y, operativamente, retrasar la capacidad efectiva que el sistema cuenta para cubrir carga.
Nuevas entradas térmicas / repotenciaciones:
Tienen doble exposición: necesitan pruebas en ventanas sensibles y, si el calendario se mueve, pueden quedar con equipos listos pero sin autorización operable, generando fricción de coordinación y un riesgo de “arranque en falso” cuando el sistema esté más apretado.
Asumir que “se autorizará después”: planear sin autorización temprana convierte el mantenimiento en incertidumbre y la incertidumbre en costo.
Comprimir trabajos críticos antes del corte: acelera, sí, pero eleva riesgo de calidad (errores de montaje, pruebas incompletas, comisionamiento apresurado).
Diseñar pruebas como trámite: en evaluación caso por caso, pruebas sin gobernanza técnica clara tienden a reprogramarse o fragmentarse.
Subestimar dependencias de red: trabajos en subestación, protecciones y comunicaciones pueden ser el cuello de botella, aunque la turbina esté lista.
No alinear al portafolio comercial con el plan técnico: si la unidad no estará disponible cuando el portafolio la “da por hecha”, la exposición a mercado aparece justo en el peor momento.
Estas ventanas de SIASAM son una señal de que el SEN entrará en 2026 con menos tolerancia a perder disponibilidad y con menor apetito por incertidumbre operativa en periodos específicos. En un sistema que busca blindar confiabilidad, la planeación deja de ser “calendarizar O&M” y se vuelve “administrar riesgo de indisponibilidad con disciplina”. Quien replantee desde ahora su ruta crítica (mantenimientos mayores y estrategia de pruebas) llegará a 2026 con control; quien no, descubrirá tarde que el costo no viene del aviso, sino del sistema operando más cerca de sus márgenes.
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