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Penalizaciones por mala calidad de combustibles: riesgos operativos en terminales, ductos y estaciones

Hallazgos por penalizaciones de calidad revelan fallas en especificación, mezclado y trazabilidad en la cadena de combustibles.

Penalizaciones por mala calidad de combustibles: riesgos operativos en terminales, ductos y estaciones

Las observaciones de la ASF sobre penalizaciones asociadas a mala calidad de petrolíferos no son un asunto reputacional aislado. En downstream, “calidad” es una variable operativa medible que se define por especificación, se controla por trazabilidad y se valida por laboratorio. Cuando hay penalización, no es un concepto abstracto: es la evidencia de que en algún punto de la cadena —mezcla, almacenamiento, transporte o expendio— el producto dejó de cumplir la especificación contractual y normativa.

En términos técnicos, calidad significa que cada lote cumple con parámetros definidos (octanaje, azufre, presión de vapor, destilación, densidad, contenido de aromáticos, entre otros) y que ese cumplimiento es demostrable con muestreos representativos, certificados y bitácoras de custodia. La penalización aparece cuando el resultado analítico del receptor —o de una auditoría— difiere de lo declarado o pactado.

De la especificación al lote: cómo se materializa la calidad

La calidad se construye en capas. Primero, la especificación: el combustible debe alinearse a los límites establecidos por la NOM-016-CRE-2016 en lo que corresponda al producto y región. Luego, el mezclado: en terminal o refinería, la formulación debe asegurar que los componentes (naftas, reformados, etanol, butanos) mantengan la ventana técnica requerida.

El tercer nivel es la trazabilidad por lotes. Cada volumen que sale de tanque o buque debe estar asociado a un lote con fecha, origen, parámetros certificados y destino. La ruptura de calidad muchas veces no ocurre en la producción, sino en la transición entre lotes: mezcla inadvertida en tanques con remanentes fuera de ventana, estratificación, contaminación cruzada en líneas o arrastre en mangueras y brazos de carga.

El cuarto nivel es el laboratorio. Muestreos mal ejecutados, recipientes inadecuados, tiempos de envío prolongados o discrepancias entre métodos analíticos pueden generar controversias técnicas que terminan en penalizaciones contractuales. En downstream, el laboratorio no es un actor accesorio; es el árbitro del cumplimiento.

Dónde se rompe la cadena

La cadena se puede romper en tres nodos críticos.

En terminales (TAR), por control de inventarios y manejo de tanques. Un tanque con historial de lotes heterogéneos exige procedimientos estrictos de homogeneización y pruebas antes de despacho. La presión operativa por rotación rápida puede abreviar tiempos de asentamiento o verificación.

En transporte por ducto o autotanque, por contaminación cruzada y manejo de interfaces. Las interfaces entre productos en ductos requieren gestión técnica; si el corte no es preciso, el lote receptor hereda fuera de especificación. En autotanque, la limpieza insuficiente de compartimentos o válvulas es un riesgo recurrente.

En estaciones de servicio, por almacenamiento y control volumétrico. Agua en tanque, deficiencias en sellos o errores de inventario no siempre alteran la especificación química, pero sí pueden detonar disputas cuando el consumidor percibe desempeño anómalo y la autoridad solicita muestreo.

La penalización por calidad es el síntoma de que alguno de estos nodos falló en procedimiento o documentación.

¿Quién asume el costo?

En contratos de suministro, la penalización suele trasladarse según la cláusula de calidad y el punto de transferencia de riesgo. Si el producto se entrega FOB en terminal y el receptor detecta desviación dentro del plazo de reclamación, el proveedor asume descuento o reposición. Si la desviación ocurre posterior al punto de entrega, el costo puede recaer en el operador logístico o en el comercializador.

Para importadores, el riesgo es doble: deben demostrar cumplimiento en origen y sostener trazabilidad hasta la entrega. Cualquier brecha documental debilita su defensa en una disputa.

Para terminales, la exposición está en los procedimientos de mezclado, muestreo y control de interfaces. Un evento de fuera de especificación puede afectar múltiples clientes si el lote se distribuye ampliamente.

Para transportistas, la responsabilidad se activa cuando la contaminación cruzada o el manejo inadecuado de compartimentos es trazable a su operación.

Para estaciones, el impacto es reputacional y comercial. Aunque la desviación no se origine en el expendio, la percepción del consumidor se concentra en el punto final.

Para consumidores, el efecto se traduce en desempeño del motor y, en casos extremos, daños. El sistema de calidad está diseñado para evitar ese traslado de riesgo; cuando hay penalización, el objetivo es precisamente contenerlo antes de que llegue al usuario final.

Cumplimiento: la calidad se prueba con papel y procedimiento

La diferencia entre una desviación gestionable y una penalización onerosa es la evidencia documental. Bitácoras de tanque, certificados de análisis, sellos de seguridad, registros de muestreo, cadena de custodia y reportes de laboratorio son el blindaje técnico de la cadena.

Las auditorías —internas y regulatorias— no solo verifican números; revisan consistencia entre lo declarado y lo operado. Si la especificación dice 92 octanos y el certificado respalda 92.3 con método válido, la discusión se cierra. Si el certificado no corresponde al lote despachado, la penalización se vuelve probable.

En control volumétrico, la coherencia entre inventarios físicos y sistemas es otro punto sensible. Descuadres persistentes activan revisiones que pueden descubrir mezclas no autorizadas o errores de clasificación de producto.

Qué observar en 2026

El año próximo será clave en tres frentes. Primero, inspecciones más frecuentes en nodos logísticos con historial de desviaciones. Segundo, disputas comerciales con mayor sofisticación técnica, donde la batalla se librará en métodos analíticos y ventanas de reclamación. Tercero, reputación de cadena: operadores que acumulen eventos de calidad enfrentarán mayores exigencias contractuales y financieras.

La penalización por calidad no es un castigo moral. Es la señal de que la cadena operó sin la disciplina suficiente en especificación, mezclado, trazabilidad o documentación. En downstream, la calidad no se declara; se demuestra lote por lote.


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