El balance de infraestructura 2025 presentado por CFE muestra avances concretos, pero también deja claros los cuellos de botella que se trasladan a 2026. Este análisis traduce el reporte a implicaciones operativas sobre confiabilidad, congestión e interconexión del sistema eléctrico.
El balance de infraestructura 2025 presentado por Comisión Federal de Electricidad no es un informe de logros: es un mapa de riesgos que el sistema eléctrico cargará en 2026.
La información publicada el 8 de enero de 2026 permite separar tres capas clave: lo que sí se ejecutó, lo que quedó incompleto y los cuellos de botella que ya están presionando la operación diaria del sistema.
En generación, el balance muestra una ejecución enfocada en recuperación de disponibilidad y en proyectos que ya estaban en fase avanzada. Esto mejora la confiabilidad puntual en nodos específicos, pero no cambia de inmediato la flexibilidad del sistema. La lectura técnica es clara: más megawatts disponibles ayudan, pero sin refuerzos equivalentes en transmisión, la energía no siempre puede moverse a donde se necesita en horas críticas.
La transmisión es donde el balance se vuelve más exigente. Aunque hubo avances en líneas y subestaciones estratégicas, varios proyectos quedaron en fase de obra o de gestión de derechos de vía. Ese desfase traslada el riesgo a 2026 en forma de congestión estructural, particularmente en corredores donde la demanda crece más rápido que la capacidad de evacuación. En la práctica, esto se traduce en mayor uso de despacho forzado, restricciones operativas y costos indirectos para el sistema.
En interconexión, el balance confirma un cuello de botella conocido: la infraestructura avanzó más lento que la cartera de solicitudes. Para el operador del sistema, esto significa que la cola de interconexiones no es solo un tema administrativo, sino un factor de confiabilidad. Cada proyecto que no logra conectarse a tiempo mantiene presión sobre nodos existentes y limita la capacidad de respuesta ante contingencias.
Lo que quedó pendiente en 2025 no desaparece en el calendario; se acumula. Obras de transmisión no concluidas, subestaciones parcialmente habilitadas y enlaces críticos aún en pruebas trasladan riesgo operativo a 2026. El sistema entra al año con mayor demanda, mayor complejidad y menos holgura para absorber fallas no programadas.
Desde la óptica de operación del sistema, el mensaje del balance es técnico, no político: la confiabilidad en 2026 dependerá menos de nuevos anuncios y más de cerrar brechas físicas. Cada mes de retraso en transmisión amplifica la vulnerabilidad ante picos de carga, eventos climáticos y mantenimientos mayores en generación.
Para industria y desarrolladores, la señal es doble. Por un lado, los avances ejecutados reducen riesgos locales; por otro, los pendientes obligan a planear con escenarios conservadores, especialmente en regiones con historial de congestión. La lectura correcta es anticipar restricciones y ajustar cronogramas y contratos a una realidad operativa más ajustada.
En síntesis, el balance de infraestructura 2025 de CFE no promete estabilidad automática en 2026. Describe un sistema que avanzó, pero que sigue operando al límite en nodos críticos. Para quienes toman decisiones técnicas y de planeación, ese es el dato que importa.
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