Un túnel conectado a ducto revela fallas en balance de masas, presión y SCADA; el huachicol es hoy un riesgo de ingeniería operativa.
El hallazgo de un túnel conectado directamente a un ducto de hidrocarburos no es únicamente un evento criminal sofisticado. Es un incidente técnico que obliga a revisar la arquitectura de integridad, monitoreo y detección temprana en la red de transporte.
Cuando una extracción ilícita se ejecuta mediante infraestructura subterránea diseñada para evitar inspección superficial, el problema deja de ser exclusivamente de seguridad pública. Se convierte en un desafío de ingeniería de sistemas.
Un ducto opera bajo parámetros estrictos de presión, temperatura y flujo. El equilibrio del sistema se monitorea mediante modelos hidráulicos que comparan volumen inyectado versus volumen recibido: el balance de masas.
Una conexión clandestina altera ese balance. Pero si la extracción es gradual y técnicamente controlada, la desviación puede mantenerse dentro de umbrales tolerables durante periodos prolongados.
En términos operativos, el túnel introduce:
Un punto adicional de salida no autorizado.
Alteración de presión diferencial en el tramo.
Microvariaciones en caudal que pueden confundirse con ruido operativo.
El sistema SCADA (Supervisory Control and Data Acquisition) está diseñado para detectar anomalías en presión, flujo y estado de válvulas. Sin embargo, la sensibilidad del sistema depende de los parámetros configurados.
Si la extracción se realiza en rangos que no disparan alarmas inmediatas, el tiempo de detección puede extenderse. Y en ductos de largo trayecto, la diferencia entre minutos y horas es crítica.
El tiempo de detección versus tiempo de extracción define el volumen perdido y el impacto operativo.
Una conexión subterránea no autorizada afecta múltiples variables técnicas.
Primero, la integridad del ducto. Perforar o intervenir una tubería presurizada implica alterar su estructura. La soldadura o perforación improvisada puede introducir concentraciones de esfuerzo que incrementan el riesgo de fisura o fractura frágil.
Segundo, la fatiga estructural. Cambios repetitivos de presión inducidos por aperturas y cierres clandestinos generan ciclos adicionales de carga. En tramos con historial de corrosión o envejecimiento, estos ciclos aceleran deterioro.
Tercero, la contaminación cruzada. Si el ducto transporta distintos productos por batch, una extracción clandestina puede mezclar interfaces de producto, afectando calidad aguas abajo.
Cuarto, la interrupción de suministro. Si la anomalía escala a fuga mayor o explosión, el operador debe cerrar válvulas de seccionamiento, lo que interrumpe flujo hacia terminales y estaciones.
Las terminales dependen de presión estable y programación previsible. Una caída súbita de flujo por cierre preventivo puede:
Retrasar despachos.
Desbalancear inventarios.
Forzar uso de transporte alterno más costoso.
Las estaciones enfrentan retrasos en abasto que pueden traducirse en quiebres de stock, afectando ventas y reputación.
Los permisionarios de transporte y almacenamiento asumen riesgo contractual cuando no pueden cumplir entregas programadas por causas operativas asociadas a la red.
Las aseguradoras, por su parte, evalúan estos eventos bajo criterios de riesgo acumulado. Un patrón recurrente de vulnerabilidad estructural eleva primas y condiciones de cobertura.
El evento revela un punto crítico: la ingeniería de detección debe evolucionar al mismo ritmo que la ingeniería de extracción ilegal.
Los sistemas SCADA tradicionales monitorean variables macro. Sin embargo, eventos sofisticados exigen:
Modelos de detección de microfugas.
Análisis predictivo basado en patrones históricos.
Sensores distribuidos de presión y vibración.
Integración con sistemas de geolocalización y análisis geotécnico.
El ducto moderno ya no es solo acero enterrado. Es una red de datos.
Si el sistema de monitoreo no se actualiza, el túnel no es la excepción: es la manifestación de una brecha tecnológica.
Reducir el fenómeno a seguridad pública es subestimar su complejidad.
Hoy, la extracción ilegal sofisticada implica:
Conocimiento de presión operativa.
Selección estratégica de puntos vulnerables.
Ingeniería subterránea para evitar inspección aérea.
Coordinación logística para transporte rápido.
El combate efectivo requiere rediseño de arquitectura de integridad, mayor densidad de sensores, algoritmos de detección más sensibles y análisis continuo de riesgo.
En redes de ductos extensas y críticas para el abastecimiento nacional, la vulnerabilidad no es solo social. Es estructural.
El túnel no es un hecho aislado. Es un indicador de que la red debe tratarse como sistema dinámico donde cada desviación de presión puede ser más que una anomalía hidráulica.
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