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Por qué la gasolina más cara del país aparece en Coahuila y qué dice del mercado mexicano

El precio más alto de la gasolina en Coahuila expone la fragmentación regional del mercado de combustibles y los factores logísticos y comerciales que influyen en México.

Por qué la gasolina más cara del país aparece en Coahuila y qué dice del mercado mexicano

La estación de servicio con el precio de gasolina más alto del país, ubicada en Coahuila, no es una anomalía aislada ni una simple curiosidad estadística. Es una señal visible de la fragmentación regional que caracteriza al mercado de combustibles en México y de cómo los precios finales reflejan una combinación compleja de logística, regulación y estructura comercial más que una referencia nacional homogénea.

En el downstream mexicano, el precio que enfrenta el consumidor es el resultado de una cadena que se comporta de manera distinta según la región. Coahuila, como otros estados del norte, depende en gran medida de flujos logísticos largos y específicos que conectan terminales de almacenamiento, rutas de transporte y estaciones de servicio con dinámicas propias. Cuando una estación se ubica lejos de nodos eficientes o enfrenta restricciones de volumen, su costo marginal se eleva y se traslada al precio final.

La logística es solo una parte del rompecabezas. El mercado opera bajo un esquema donde la referencia nacional convive con realidades locales. Los costos de transporte por autotanque, la disponibilidad de infraestructura cercana y la capacidad de negociación con proveedores determinan si una estación puede competir en precio o si queda atrapada en una estructura de costos rígida. En regiones con menor densidad de estaciones o menor rotación de volumen, el margen necesario para sostener la operación tiende a ser más alto.

El marco regulatorio también incide. Aunque el precio no está fijado de manera uniforme, existen mecanismos de control y supervisión que influyen indirectamente en la forma en que se trasladan los costos. En zonas donde la competencia efectiva es limitada, la presión para ajustar precios a la baja es menor, incluso si la referencia mayorista se mueve. Esto no implica ausencia de regulación, sino una aplicación que no siempre logra corregir asimetrías regionales profundas.

El caso de Coahuila revela además cómo la competencia no se distribuye de manera pareja. En mercados donde uno o dos operadores concentran buena parte de la oferta local, la disciplina competitiva se diluye. La entrada de nuevas marcas o esquemas alternativos de suministro suele verse frenada por barreras logísticas y por la necesidad de invertir en infraestructura propia para reducir dependencia de terceros. Sin esa inversión, el precio alto deja de ser una excepción y se convierte en una consecuencia estructural.

Más allá del impacto al consumidor, estas diferencias extremas de precio hablan de la eficiencia del sistema de distribución. Un mercado fragmentado, con islas de alto costo, indica que la cadena no está optimizada de forma integral. La gasolina no es más cara por el producto en sí, sino por cómo se mueve, se almacena y se comercializa en trayectos específicos.

El precio más alto del país en una estación concreta no debe leerse como un outlier, sino como un síntoma. Muestra que el mercado de combustibles en México sigue operando como una suma de mercados regionales con reglas implícitas distintas, donde la competencia, los costos y la logística pesan más que cualquier referencia nacional. Entender estas diferencias es clave para evaluar la verdadera estructura del downstream y los límites reales de la competencia en el país.


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