Investigación avanzada sobre la desconexión entre regulación del gas natural y planeación térmica del sistema eléctrico mexicano. Análisis de riesgos estructurales, almacenamiento estratégico y coordinación institucional.
La regulación energética mexicana ha evolucionado con intensidad en la última década. Se han modificado reglas de mercado, esquemas de despacho, permisos, prioridades operativas y mecanismos de supervisión. Sin embargo, hay una pregunta que pocas veces se formula en voz alta:
¿La regulación del gas natural está alineada con la planeación térmica del sistema eléctrico?
Los dos artículos previos de esta serie "Gas barato, sistema frágil y El día que no hubo gas" demostraron que la dependencia externa y las fallas sistémicas no son hipótesis académicas. Son realidades operativas. Este tercer análisis avanza hacia el plano estructural: el desajuste entre regulación y arquitectura térmica.
Cuando la norma no dialoga con la física del sistema, el riesgo no desaparece. Se institucionaliza.
En México, el sistema gasista y el sistema eléctrico operan bajo marcos regulatorios diferenciados, con autoridades, instrumentos y lógicas distintas.
El gas natural se regula como transporte, almacenamiento y comercialización.
La electricidad se regula como generación, transmisión y despacho.
Pero en la práctica, el gas es el combustible dominante del parque térmico.
El diseño regulatorio trata ambos sistemas como sectores conectados.
La operación los trata como un solo organismo.
Esta fragmentación genera tres efectos:
Planeación eléctrica que asume disponibilidad de gas constante.
Regulación gasista que no incorpora escenarios térmicos críticos.
Ausencia de obligaciones vinculantes de almacenamiento estratégico.
La norma existe. La integración sistémica no.
Más del 60% de la generación eléctrica depende de ciclos combinados. Esto convierte al gas natural en variable estructural del despacho eléctrico.
Sin embargo, los instrumentos regulatorios no exigen explícitamente:
Reservas estratégicas mínimas para respaldo térmico.
Escenarios obligatorios de interrupción prolongada.
Coordinación operativa formal gas-electricidad en tiempo real.
Indicadores de exposición sistémica en la planeación energética.
El resultado es un modelo eficiente bajo condiciones normales y vulnerable bajo condiciones extremas.
La regulación ha priorizado competencia y eficiencia económica.
La resiliencia térmica ha quedado subordinada.
En economías con alta dependencia térmica, el almacenamiento subterráneo funciona como amortiguador sistémico.
En México, el desarrollo de almacenamiento ha sido marginal.
No existe una política robusta que obligue a mantener inventarios estratégicos proporcionales al nivel de dependencia eléctrica.
Sin almacenamiento:
El riesgo es inmediato.
La reacción es reactiva.
La planeación es incompleta.
Cuando la regulación no integra almacenamiento como pilar de seguridad energética, el sistema opera bajo supuestos optimistas.
La operación del sistema eléctrico requiere información en tiempo real sobre flujo y presión de gas. Pero la regulación no siempre establece mecanismos de intercambio obligatorio de datos críticos entre operadores.
La consecuencia es que la coordinación depende más de acuerdos operativos que de mandatos regulatorios estructurales.
En escenarios de estrés, esa diferencia importa.
Un sistema moderno requiere interoperabilidad regulatoria.
No solo coexistencia normativa.
Cuando la regulación no contempla escenarios extremos, el impacto no es teórico.
Se traduce en:
Despacho forzado de combustibles más caros.
Incremento súbito de costos marginales.
Presión fiscal por subsidios eléctricos.
Vulnerabilidad industrial.
Incertidumbre en inversión energética.
La falta de planeación térmica no es un detalle técnico. Es un multiplicador de riesgo macroeconómico.
Existen tres factores que explican la inercia:
El gas ha sido históricamente barato.
Las interrupciones han sido episódicas, no permanentes.
La coordinación intersectorial implica reformas complejas.
Pero el bajo precio no elimina la exposición estructural.
La regulación energética moderna no puede limitarse a ordenar mercados. Debe anticipar escenarios físicos adversos.
Un modelo regulatorio avanzado debería incorporar:
Evaluaciones obligatorias de exposición térmica.
Indicadores públicos de dependencia estructural.
Requerimientos mínimos de almacenamiento proporcional.
Simulaciones periódicas de interrupción.
Coordinación vinculante gas-electricidad.
No se trata de sobrerregular. Se trata de alinear norma y física.
La fragmentación regulatoria puede modelarse.
RegulaOps permite integrar obligaciones normativas, exposición por nodo térmico, dependencia contractual y escenarios de interrupción, generando mapas de riesgo estructural.
Sin integración tecnológica, la regulación opera en silos.
Con integración, el riesgo se cuantifica y se anticipa.
La dependencia externa ya fue expuesta.
La falla sistémica ya ocurrió.
El siguiente nivel de riesgo no está en el mercado, sino en la arquitectura regulatoria.
Cuando la regulación no incorpora planeación térmica obligatoria, el sistema funciona hasta que deja de hacerlo.
La resiliencia no surge por accidente.
Se diseña.
Y hoy, el diseño normativo del gas natural en México sigue incompleto frente a la realidad térmica del sistema eléctrico.
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