2026 será un año de alta competencia y márgenes presionados para los exportadores de LNG, con demanda débil en Asia y Europa. Para México, altamente dependiente del gas importado, este entorno no es neutral: redefine riesgos de suministro, volatilidad de precios y la urgencia de una estrategia de almacenamiento y gestión operativa.
Reuters plantea un escenario paradójico para 2026: el mercado global de LNG tendrá más oferta disponible —nuevos proyectos en Estados Unidos, Qatar y África—, pero enfrentará demanda más débil en Asia y Europa. Para los exportadores, esto significa competencia feroz por contratos, presión sobre precios spot y mayor sensibilidad a eventos geopolíticos o climáticos.
La clave no es que “falte gas” a nivel mundial, sino que el LNG se vuelve más volátil y más dependiente de decisiones tácticas: redireccionamiento de cargamentos, arbitrajes de corto plazo y reacciones rápidas ante interrupciones inesperadas.
México importa la mayor parte del gas natural que consume, principalmente por ducto desde Estados Unidos, pero el LNG global es el colchón implícito del sistema. Cuando hay disrupciones en ductos, picos de demanda en Norteamérica o eventos climáticos extremos, el precio y disponibilidad del gas en México terminan reflejando lo que ocurre en el mercado internacional de LNG.
En 2026, un entorno de LNG abundante pero competitivo implica dos riesgos simultáneos para México:
Precio: la debilidad estructural de la demanda puede contener precios promedio, pero la volatilidad aumenta. Episodios de frío, calor extremo o tensiones geopolíticas pueden disparar precios spot en cuestión de días.
Suministro: en un mercado donde los cargamentos buscan el mejor destino, México compite indirectamente con Europa y Asia por molécula flexible, aun cuando no sea importador directo de LNG en gran escala.
Para CENAGAS, el escenario refuerza una realidad incómoda: la confiabilidad del sistema no puede descansar solo en flujos “just in time”. En un entorno de LNG volátil, cualquier interrupción aguas arriba se transmite rápidamente a precios y balance del sistema.
Para los generadores eléctricos, especialmente ciclos combinados, el riesgo no es solo el costo del gas, sino su disponibilidad en momentos críticos. La dependencia de gas importado convierte al LNG global en una variable indirecta del despacho y de la confiabilidad del SEN.
Para la industria, el mensaje es similar: contratos indexados y sin flexibilidad se vuelven más riesgosos cuando el mercado global puede cambiar de dirección en semanas. El LNG internacional actúa como un termómetro que anticipa tensiones antes de que se materialicen localmente.
Reuters destaca que los exportadores de LNG están preocupados por márgenes y por la capacidad de absorber shocks. Para México, la pregunta es distinta: ¿con qué amortiguador se enfrenta un shock de gas en 2026?
La ausencia de almacenamiento estratégico significativo de gas natural deja al país expuesto a:
Volatilidad de precios transmitida casi en tiempo real.
Riesgo operativo ante eventos climáticos o técnicos en Norteamérica.
Menor margen de maniobra para CENAGAS y para el sistema eléctrico.
En un mundo donde el LNG es abundante pero impredecible, el almacenamiento deja de ser un lujo y se convierte en un instrumento de seguridad energética.
Aunque México no sea un gran importador directo de LNG, el mercado global de este combustible ya es un factor estructural de su seguridad energética. En 2026, la combinación de oferta creciente, demanda débil y alta competencia internacional hará del LNG una fuente de volatilidad constante. Para México, esto significa que la planeación de gas —desde CENAGAS hasta generadores e industria— no puede ignorar el pulso global del LNG. La seguridad energética ya no depende solo de ductos y contratos; depende de cómo se gestiona un mercado mundial cada vez más líquido, competitivo y nervioso.
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